Antiguos recuerdos eléctricos.

La tecnología avanza a toda velocidad, pero los que ya tenemos unos años y veraneábamos en zonas rurales tenemos unos recuerdos casi mágicos, asociados a olores ya desaparecidos, a veladas a la luz del candil y el olor del carburo.

A muchos de esto sitios ya había llegado la electricidad, pero los cortes eran frecuentes y en las casas, en la mayoría, se conservaban los antiguos recursos, ya que los apagones debidos a una red todavía incipiente eran habituales. Una tormenta, grandes lluvias o árboles caídos sobre el tendido eléctrico y ya está.

Para los niños era momentos que nos trasladaban a otra época, de ratos contando historias a la luz del carburo, con su peculiar olor. Con aquél dosificador, que regulaba las gotas de agua que caían sobre el compuesto y proporcionaban un gas por reacción química. Cuantas más gotas, más luz.

También eran muchas las ocasiones en las que “se iban los plomos”, aquéllos hilos de plomo o cobre, que para proteger la instalación, saltaban con las tormentas y las sobretensiones. En todas las casas había alguien que sabía colocarlos o aprendía sobre la marcha bajo la luz de una vela o un candil. Una operación que se realizaba sobre las piezas de porcelana aislante y con ayuda de un atornillador.

Seguro que la gran mayoría sólo ha conocido el automático, que solo salta muy ocasionalmente, no es que uno eche de menos aquéllos tiempos, pero siempre nos hacen recordar aquéllos momentos especiales que nos trasladaban a unos tiempos ya lejanos.

By | 2018-03-17T20:33:30+00:00 marzo 17th, 2018|Noticias Enegía|0 Comments

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