Horario de verano. ¿Es realmente un ahorro?

Acabamos de cambiar la hora de nuestros relojes para adaptarlos al nuevo horario de verano. Después de esto, leemos en múltiples y variados medios tantas y dispares opiniones que al usuario se le crea una cierta incertidumbre. Se oyen incluso opiniones realmente absurdas y sin sentido, pero que si no se piensan crean esa sensación de duda.

Sin embargo es algo que cualquiera puede comprobar. Solo hace falta sentido común. El planteamiento sobre el que se sustenta esta medida es del todo inapelable: se trata de aprovechar al máximo la luz solar modificando el horario.

Eso lo veremos todos en nuestro domicilio, nuestras oficinas e incluso el alumbrado público. Desde luego no se trata de un ahorro desproporcionado, pero es evidente que por la tarde, después del cambio horario, en todas partes encenderemos las luces una hora más tarde con el consiguiente ahorro.

La llamada “Hora de verano” no obedece a un capricho del gobierno de turno, cuyas medidas siempre están dispuestas a criticar desde la oposición, sea cual sea, sino que obedece además al cumplimiento de la Directiva Comunitaria 2000/84/CE, aprobada en el año 2001

Esta medida se aplicó por primera vez en 1974, todavía en el régimen de Franco. Exhaustivos estudios han demostrado que no solo tiene efectos positivos en el ahorro de energía, sino en otros como el transporte, comunicaciones e incluso seguridad vial y en el trabajo.

Si con un esfuerzo tan mínimo, como cambiar la hora de nuestros relojes, ahorramos algo, lo que sea poco o mucho, merece la pena, desde luego.

By | 2016-03-30T12:45:25+00:00 marzo 30th, 2016|Noticias Enegía|0 Comments

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